¿Quién es el impostor?

¿Tus padres? ¿Los maestros que has tenido? ¿Tu jefe? ¿Tu país? Y ¿qué hay de ti? ¿Realmente lo sabrás?

Es que el trabajo… es que el maestro… es que el tiempo…

Vaya, creo que lo has dejado en claro, pero ¿en serio acusas al impostor correcto?

Somos seres humanos y como tales, tenemos la necesidad de estar inmersos en una sociedad. Incluso enfrentando una pandemia, buscamos la forma de comunicarnos, de tener esa cercanía interpersonal, de hablar y convivir, de sentir y de vivir. Forma parte de nuestra esencia, forma parte de nuestra salud (física y mental).

Por lo tanto, si nuestras acciones son afines a nuestro entorno. Nos encontramos dentro de un arquetipo, que seguimos inconscientemente, y muchas otras, bastante conscientes. La sociedad define nuestro estilo de vida, nuestros hábitos, nuestra personalidad, la manera en que hacemos las cosas, en cómo nos expresamos y hasta el color en que vemos la vida misma. Nuestra perspectiva, nuestros pensamientos, nuestra “forma de avanzar”, nuestro alcance y nuestros obstáculos. Hay variaciones, pero compartimos una misma cultura. Y esto nos define como personas.

¿Qué tan cierto es este último párrafo? Bastante cierto, de hecho. Más no funge como un ultimátum. No es ésta nuestra última versión. No debería, más bien. Porque hay cosas que no funcionan allá afuera. Fuera de la realidad que nos hemos trazado. Basta con darle un vistazo una mañana al desarrollo económico de nuestro país. Tú, yo, todos, somos parte de eso. Esperar un cambio sin tener participación en ello, deslindar tu responsabilidad para que los demás actúen y así poder ser llevados por la corriente, es algo bastante incoherente. De hecho, algo que como ves, no funciona.

Y si la operación no funciona para alcanzar los resultados esperados, entonces debe hacerse un cambio en la ecuación.

Las limitaciones que te has puesto y que se te han impuesto, son las mismas que solo tú puedes romper. Nadie más. No es la sociedad, no son terceras personas, se trata de ti. La realidad en la que vives ahora, solo tú la puedes transformar. No se trata de sueños, ni de escenarios ficticios, se trata de Metas. Metas que para alcanzarlas, se necesita de un solo condimento: Actuar.

Se trata de un proceso en conjunto. Somos la generación concebida en el nicho de la tecnología. Una comunidad que cuenta con información de cualquier tema en la palma de la mano. Física cuántica, matemáticas, ciencia, historia, leyes, finanzas, etc. Tener el acceso a la información ya no es una incógnita. El tema es, el que tú accedas a ella. Tu interés por aprender. El apostarle todo a tu propia educación. Si ya eres un profesionista, continua estudiando. Sigue aprendiendo. Alimenta tu mente. Vuélvete experto en lo que haces. Y si aún comienzas este camino, devora todo lo que puedas. Mañana, tarde y noche. Empápate de conocimiento, sácale provecho a todas las herramientas que tienes a tu alcance. Créate el hábito de siempre estar aprendiendo, actualízate y capacítate.

Conviértete en tu prioridad. Cultiva tu capacidad intelectual de la misma forma en que acrecientas tu comportamiento moral y sentido de responsabilidad. Desarrolla tu calidad personal en cada aspecto constituyente de tu vida, deja a un lado la pereza y entrégate al aprendizaje y desarrollo de tus capacidades, buscando siempre una mejor versión de ti. Atrévete a reconstruir tu identidad y deslíndate de las enseñanzas que te han proporcionado hasta ahora sobre cómo funcionan las cosas. Independízate.

Sé muy consiente que se trata de un proceso, mantente paciente contigo mismo y descarta cualquier expectativa. Entrégate y deja que los resultados fluyan en su propia cadencia, trabaja en ti día con día, esfuérzate más. Nacer en un lugar en donde la educación no es la prioridad, no debe condenarte. Más bien debe desafiarte.

“Tú eres el proyecto más grande que tendrás en la vida. Púlelo diariamente y hallarás un valioso tesoro.”

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